Canseco

No resulta hiperbólico afirmar que Canseco es uno de los pueblos más interesantes de toda la montaña leonesa. Por su paradisíaca ubicación, en lo más bravío de la cordillera, la belleza de sus casas de piedra, sus vistas hacia el sur de los míticos Bodón y Peña la Verde, y la abundancia y calidad de sus pertenencias comunales :

Ornamentos y libros parroquiales, restos históricos, como los ´Covachos´ medievales, el despoblado de Busticésar, las cuatro ermitas que jalonaban el territorio o el torreón.

En breve síntesis, estos son sus principales motivos de orgullo.

Distante 5,0 kilómetros de Cármenes, y a 1.260 metros de altitud, parece derivarse del latín “campus sectus “ (campo cortado, o sin salida), pues la versión de “campus sicum“ (campo seco) que algunos aducen, no se atiene en absoluto a la realidad : Canseco recibe aguas por todos sus costados, de una rara pureza y frescor. Ya advirtió Madoz, en su célebre ´Diccionario´ que a Canseco “combátenle todos los vientos“, al referirse a su situación cercana a la raya del puerto, donde la niebla del cantábrico asoma con el cierzo muchas tardes, incluso en el verano.

Su iglesia parroquial se alza en la más alta y antigua de sus ocho barriadas : ´Palombera´, un claro ejemplo de castro prerromano, que muchos historiadores leoneses no consiguen ubicar. Está dedicada a San Pedro, y la iglesia se hermanó con la Basílica romana de Letrán, en el siglo XVIII. Pero el patrón del pueblo es San Roque, de cuya imagen hay varias réplicas en una ermita que el pueblo reconstruyó en la posguerra, junto al río, en el punto llamado La Corralada. Su fiesta patronal es, por tanto, el día 16 de agosto. De ella se debe mencionar el Concurso de Bolos, en una de las Boleras más hermosas de la provincia, construida en 1918 por los indianos del pueblo, a la que bautizaron como ´El Malecón´, reminiscencia de La Habana.

A la entrada del pueblo hay restos de un torreón circular de vigilancia, probablemente señorial, y que fue utilizado posteriormente por arrieros. No es creíble que se trate del castillo de Arbolio, como aventuró Gómez Moreno en su libro “Catálogo monumental de la provincia de León“ , dada su falta de estructura y alejamiento de la línea defensiva de los castillos.

Pueblo con una rica vida comunal, fue cuna del gran sociólogo D. Elías López Morán, a quien se debe la trascripción de la mayoría de las Ordenanzas de la montaña leonesa, anteriores al cambio constitucional de 1812. Gracias a él conocemos las de varios pueblos de la Mancomunidad, que hoy resultan inencontrables .

En el año 1900 Canseco contaba con 273 habitantes, cuatro molinos, tres majadas, fragua, calero, cinco veceras y cuatro ermitas diseminadas en su término. En el año 1923 puso en funcionamiento la primera fábrica de luz de La Mediana, instalando una turbina en su molino sobre el río Canseco.

Su folklore es abundantísimo, y la pervivencia del mismo casi milagrosa hasta el umbral del siglo XXI. Rondas, bailes y coplas, cuentos y leyendas circulaban como piezas de oro en el rescoldo de los filanderos. Además se cantaban, entre la iglesia y la ermita, hasta tres famosas novenas, a las que acudía el pueblo en pleno: la de la Concepción (mayo), la de las Ánimas (noviembre) y la de San Roque (diciembre).

Por acuerdo de su junta vecinal, de fecha 5 de septiembre de 1957, el pueblo supo ser reconocido con sus personas más ilustres y realizó el nombramiento de hijos predilectos e hijos adoptivos a varios vecinos, lo que fue aprobado en Concejo abierto. Encabeza la lista el sociólogo D. Elías López Morán, quien recibió el honor a título póstumo.

Antes de alcanzar el pueblo, ya se pasa el impresionante paraje de Las Hoces, donde resisten dos pequeños puentes romanos, y las fuentes vecinas de las Ánimas y de las Xanas compiten en secretos para la realidad y la leyenda....

Subid a verlo demoradamente, y tomad cualquier ruta que parte del pueblo hacia el norte (La Collaona) o hacia el este (Busticésar). La ida y la vuelta son la cara y envés de un mismo viaje a lo inolvidable.

 


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