Hablar de Genicera es remontarnos a la repoblación mozárabe de estos territorios, entre los siglos IX y X, junto con Gete y con Getino, en el pensar de la mayor parte de los tratadistas.
El nombre en sí proviene casi en seguridad de la voz árabe Yenesta, que es una especie de retama muy común en la zona. El Becerro de la catedral de León lo nombra como ´Guinizera´, ya aproximado a su grafía actual.
Situado en lo alto de la Collada de Ubierzo, a 7,0 kilómetros de Cármenes, tiene una altitud de 1.260 metros, y es, por ello, un auténtico poblado de altura.
Nobleza y señorío exhiben aquí sus credenciales en la piedra: una iglesia fortificada, consagrada al Cristo (14 de septiembre) en un laberinto de piedras al que se accede por puertas canteadas, y que domina un castro de carácter defensivo. Tres torreones de orden, que pervivieron hasta la guerra, cuando su sillería se desmontó para reconstruir el pueblo quemado. Una casa solariega, que mantiene hermoso escudo heráldico, resguardado en su soportal. El vaso de plata con que los cargos concejiles bebían el vino para sellar los acuerdos, según práctica medieval.... Y finalmente, pero el primero en importancia, una auténtica joya del pasado, milagrosamente incólume: el ánfora de madera de tejo, de un azumbre de capacidad, de factura astur prerromana, que los sucesivos presidentes de la Junta Vecinal de Genicera custodian como tesoro.
Esta pieza bimilenaria, necesitada imperiosamente de una restauración, es una de las dos que se conservan en el mundo : La otra pertenece al Tesoro de los astures, y fue exhibida por el Principado de Asturias en la gran exposición prerromana de Gijón.
Con estas mimbres se certifica la condición de hidalguía de Genicera, más que en ningún otro pueblo de la comarca, ya que los restos de su pasado esplendor son absolutamente abrumadores. De su presente apuntamos ´La Diana´ de su fiesta mayor, única en la provincia por el desenfado de su celebración.
En sus montes comunales, donde crece el tomillo y una invasión de cantuesos de púrpura enceguece la visión, se resguardan parajes tan míticos como el puerto de ganado de Sancenas, la elevación del Pico Fesusán, los despoblados de Casares y San Esteban de Ubierzo .... todo un abecedario para deletrear.
Un universo acorralado entre verde y piedra.