El investigador Palacios hace derivar Gete de la voz árabe Satt, que significa ribera u orilla, pero nos parece dudosa esta interpretación. En los primitivos documentos del obispado de Oviedo viene citado como Gett, ya muy cercano a la grafía actual. El Becerro leonés lo cita como Yeche.
En todo caso, es general la creencia de que se trata de un pueblo de fundación mozárabe, surgido después de que se abandonase el primitivo enclave de Sanctus Petrus, presente en la primitiva diplomática leonesa, que se situaba más arriba, en el paso hacia el valle del Bernesga, o actual Collada de San Pedro.
Gete presenta otro indicio de su remoto mozarabismo, y es el inmemorial Credo que se conservó en el pueblo hasta hace muy pocos años, cantado por los hombres solo en contadísimas ocasiones, y arrumbado por la ignorancia y los afanes iconoclastas de una dudosa homogeneización. Felizmente, Ángel Fierro tuvo ocasión de grabar esta reliquia del pasado, al anciano Francisco González + (Pacho), único depositario de los saberes antiguos del pueblo, hasta su fallecimiento, en diciembre de 2.001. Credo de una fastuosa línea sonora, salvaje y pleno de resonancias visigodas, que entroncan el pueblo con sus remotos orígenes.
Anotada esta particularidad, diremos que Gete se sitúa a la derecha del Torío, en un valle bien resguardado de los vientos del norte, a 4,0 kilómetros de Cármenes. Su altitud es de 1.140 metros, y celebra como patrona a la Virgen del Pandillo, el día 7 de septiembre.
Esta advocación mariana está servida por la solitaria ermita del Pandillo, y su fiesta tradicional se denominaba ´La Pandiecha´. (Un pando es, en el lenguaje autóctono leonés, una ligera elevación del terreno). Allí se construyó la actual ermita, en el siglo XIX, sobre cimientos de otra anterior.
La romería de ´La Pandiecha´ fue importantísima en el pasado cercano: era la fiesta de los pastores de La Mediana. Todos los propietarios de ganado debían conceder día libre a sus pastores, proveerlos de buena merienda... y allí se encaminaban por docenas, a oír misa y practicar sus ancestrales juegos del ´Lirio-lario´, el ´Arrancatapines´, ´la Barra´ y otros entretenimientos, hasta que el reclamo de las dulzainas y el tambor los congregaba para un rudimentario baile de jotas, titos, vaqueiradas y coplas de pandereta que daban fin a la jornada.
La dulzura de su clima aparta a Gete de los rigores propios del Concejo. Leyendas y romances, cantos de boda y filanderos perfuman su memoria en las callejas empedradas.
Todas las noches de Gete tenían - o tienen - la magia que da el aislamiento.