Getino

El primitivo documento del ´Becerro´ lo cita como “Echino“, en el siglo XIII, lo cual indicaría un nombre propio de raíz árabe, trasladado aquí por la irrupción mozárabe, de modo similar al del vecino Gete. Así la pretensión de Pedro de la Vezilla, que en su ´León de España´ lo hace descender del héroe local Getacino, es tan utópica o puramente literaria como en los casos de Canioseco, Polma o Curonio.

Encaramado a un promontorio a la izquierda del Torío, en la cota de 1.180 metros de altura, Getino dista solo 3,0 kilómetros de Cármenes, y pertenece al llamado Quinto de Abajo, de la antigua división de La Mediana. Celebra fiesta el 22 de Enero, a su patrono San Vicente, aunque recientemente la trasladó al primer domingo de julio.

De su pasado histórico perviven restos indicativos: un puente medieval sobre el Torío muestra su carcomida estructura, al lado mismo del moderno, que se encamina a Gete. Varias casas del pueblo tienen muros con arpilleras y un desproporcionado grosor, lo que las califica de baluartes defensivos, y en la cima del cerro es observable un bastión ocupado por antiquísimo castro de la Edad de Hierro, sin explorar, así como los restos de un cenobio al parecer cisterciense, del que solo persisten algunas ruinas.

Ya en la Edad Moderna, Getino se hizo famoso por la alta cualificación de sus arrieros, muy apreciados en el transporte de dinero. Los reyes reconocieron su honradez y diligencia en este menester con múltiples exenciones y favores. De esa etapa pervive la tradición de sus famosas ventas, para atender a los caminantes : La del tío Sidorón, la de la Herrera, (ya desaparecidas) y la famosa del Amparo, documentada por legajos muy antiguos, hoy conocida como Venta de Getino, o de Amador.

Hasta hace poco se situaba detrás de esta venta un ´Cepillo de ánimas´ , tradición de respeto y religiosidad que imponía limosna y oración a los caminantes.

Getino tiene, junto al río, un abundante manantial de aguas ferruginosas, de carácter termal y terapéutico, que ha remodelado actualmente sus instalaciones, ante la demanda creciente de este servicio. Son ´Las Caldas del Getino´, una rara surgencia de agua templada en el territorio del frío.

La legendaria de sus pagos ha sido bien descrita por el escritor de este pueblo, D. Matías Díez Alonso, para quien el ´cuélebre del faedo´ fue mucho más que un capítulo de su libro “Mitos y leyendas“. Fue un escalofrío de las noches perfumadas de su niñez.

El implacable paso del tiempo abatió su iglesia medieval. Es una más de las perspectivas decrépitas de este territorio embrujado.

 


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