En El Vallico, a escasos 5,0 kilómetros de Cármenes, y a 1.200 m. de altitud aparece este diminuto pueblo, que en otras latitudes sería considerado como alquería. Son tres o cuatro casas bordeando la carretera, que se cobijan bajo la protección de una descomunal protuberancia caliza : El celebérrimo ´Orangután´ , llamado así por la semejanza de su perfil con la cabeza de este primate.
El nombre de Pedrosa tiene su origen en este accidente de la orografía, a través de la voz latina ´petra´ y su derivación ´petrosa´, ya tan cercana a la grafía actual. En el Becerro no se cita, pues nunca fue parroquia, perteneciendo a Lavandera, y su actual ermita es una construcción del siglo XIX. Aparece censado por vez primera en 1910, cuando tenía 43 habitantes, cifra desmesurada que nunca llegó a superar.
Tan breve arquitectura nos depara, sin embargo, varias sorpresas. Aguas arriba de un arroyo que cae del norte, se esconde un diminuto molino comunal, de los llamados ´a ventura´ (que solo pueden moler en ocasiones, cuando las riadas de la lluvia arrecian y se produce el hecho venturoso del agua ). Este molino que ya no maquila sigue, no obstante , ahí, como una ensoñación de verde y agua.
Al lado mismo un enamorado del entorno se hizo construir casona solariega, palacio pétreo, que sorprende por dimensiones y aislamiento. Un solitario reloj de sol marca a la piedra el discurrir de un tiempo que se ha detenido.
Pero su ermita nos depara una nueva sorpresa: la imagen de San Jorge (Su patrón, con fiesta el 23 de abril) atrae de inmediato la mirada, por su desnuda simplicidad. Tallada en haya, por el santero de Valverde de Curueño, en la mitad del siglo XX , y policromada en un azul marino, de imposible catalogación, esta talla humilde, candorosa, genuinamente popular, tiene tanto valor intrínseco como un Miguel Ángel.
Diminuto en espacio, como un niño de cuna. Enorme de bellezas. Así resulta ser el pueblo más pequeño de La Mediana.