Piedrafita de la Mediana

Anclada al puerto, al borde de un camino que no lleva a ninguna parte, se quedó Piedrafita como mojón del viento. Su rumbo norte es una orografía de farallones vertiginosos, espacios solitarios, trochas cerradas por donde flaquea el paso a través de una desvencijada carretera construida a principios del siglo XX, pero que muere en lo alto, rindiendo vista a Asturias, donde se estrella en la incomprensión.

Este es, no obstante, solo accidente físico, que no consigue erosionar la riqueza de un pueblo que se asienta en la historia, y que remonta el vuelo en una nueva generación de vecinos de un entusiasmo desbordante.

La procedencia de su nombre, repetido en varios puntos de la provincia de León, indica límite o frontera entre dos gentilidades : La ´Petra ficta´, o piedra hincada en el suelo, es el origen de este topónimo. Pero esta Piedrafita de La Mediana ¿qué dos gentilidades separaría?. Es sugerente la pregunta, aunque ardua la respuesta, mas nos aplicaremos a ello en una próxima ocasión.

Su solar se sitúa a 1.300 metros de altitud, por lo que lo catalogamos como poblado de altura. Está a 7,0 kilómetros de Cármenes, y por el Norte solo tiene nubes, fauna casi invisible y en otros puntos terminal, que cobija al rebeco, el urogallo, el oso ? Lugar de grandes ámbitos (Brañacaballos, que es la cumbre más elevada de Los Argüellos, El Corralón, o el valle de Riosol), Piedrafita es un dédalo de fuentes y regueros que bajan de la altura a través cascadas en que salta el prodigio. Allí brotaron en el pasado los molinos harineros y sus turbinas, las fraguas y la artesanía de las ´cambas ´, o piezas curvas del arado, que precisaban de una habilidad especial. Ahora que se abatió sobre el pueblo la despoblación, y que muchos inviernos queda vacío, el paisaje resiste todo recurso a la hipérbole: se alzan hasta las cumbres los bosques de abedules, la caliza se encamina hacia el mármol en metamorfosis pétrea, las brañas cobijan el diccionario de la ganadería, una sensación infinita de paz sugieren estos espacios abandonados, hasta avistar el último remanso horizontal de Las Vegas del Puerto.

Hipérbole, como decimos, que da a Piedrafita sus más indiscutibles señas de identidad, que es la naturaleza en estado puro, y que resulta imperdonable no conocer, a pesar de lo azaroso del viaje.

Su fiesta de la Virgen del Castillo, que era tradicional el día 8 de septiembre, pasó a ser usurpada por San Vicente, que ofrece mejor fecha en los primeros días de julio. La imagen de esta Virgen del abandono es de madera de abedul, extrañamente policromada en los colores de terracota y de cobalto, y se halla en poder del párroco, como desvalida o desarraigada, en un altar que no es el suyo.

La vieja iglesia de Piedrafita, cuya espadaña señala impertérrita el último norte, contiene solo los escorzos del abandono: capillas derruidas, imágenes mutiladas, ornamentos de moho, piedras milenarias porticando la iglesia, de donde desaparecieron piezas tan importantes como el cáliz del Salvador, a recaudo en el Museo de la Catedral de León, que había sido donado a la parroquia por el Capitán de Caballos Fernández de la Concha.... Una devastación incalculable de la que el tiempo y la desidia han sido responsables, y que se hace preciso rectificar.

Nieves y cierzos no pueden, sin embargo, abatir el tesoro de sus tradiciones : Los muy famosos ´Titos de Piedrafita´, las ´Vaqueiradas´ que se bailaban en las brañas, el trasiego de gentes a través de la raya del puerto, mercadeando con productos primarios, como manzanas, almadreñas, vino, castrones, utensilios y un sin fin de coplas de pandereta que tornaban el aire del bable en una simbiosis de cancionero mixto, enriquecido por aportaciones de ambos lados de la frontera.

Hoy Piedrafita organiza su piedra con el concurso de la argamasa, sanea callejas y aguas pluviales, endereza muros, afronta este futuro que ya comenzó con la ejemplaridad del respeto por su pasado.

El norte no existe ahora más arriba. Ella es su norte y su frontera.


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