Hay que cruzar el desfiladero de Los Pontedos, subiendo desde Cármenes, y escuchar el hervor del agua, en la cascada de ´La Fervienta´, para avistar, encaramado en un cerro, el pueblo de Pontedo. La belleza se arremolina, frente a su iglesia de San Pelayo, que otea la vega desde un privilegiado mirador, al que a veces quiere difuminar un sudario de nieve. Celebra fiesta el 26 de junio, cuando debe empezar el rito de la siega. Son 1.200 metros de altitud y una distancia de dos kilómetros a Cármenes.
El propio Menéndez Pidal descartó, por pedestre, la idea de que Pontedo pudiera derivar de la existencia de dos puentes (puentes dos). Por el contrario, el nombre viene del latín ´Fontetum´, un derivado de fons-fontis, significante de la existencia en sus dominios de buenas aguas, como la muy famosa fuente de La Canalina.
La importancia pasada de Pontedo se certifica por vestigios bien visibles .
Un frenesí de piedras esculpidas, con los motivos más dispares, se organiza entre muros y callejas, sorprendiendo la vista. Aquí un cimborrio rematando un tejado, allá una talla de bailadores de jotas, rosetones o tréboles, conchas de peregrinos e inscripciones sagradas de cenobios antiguos, cipos de fuentes y el testimonio exacto de la heráldica que firma la nobleza de alguna casa solariega. Hay que andar por Pontedo con siete ojos, descubrir el escorzo que allí trazó el buril, inquirir las señales dejadas en la piedra, como si sus anónimos orfebres desconfiasen de materiales más perecederos.
La historia de Pontedo está escrita en la piedra que borda sus calles, pero también en un folklore autóctono inagotable, del que podríamos espigar el ´Romance de la blanca niña´ , emparentado con la danza prima asturiana, o la famosa ´Jota de Pontedo´, que aún pueden rememorar sus lúcidas ancianas, como Visitación Álvarez o Rosario Castañón +.
Depositarias, con otros muchos hombres y mujeres, del saber ancestral, enlazan el pasado de los filanderos con esta alocada modernidad que ellas contemplan con indulgencia y escepticismo.
El pueblo goza de grandes bellezas naturales. Allí Juanita impartió clases de cocina y una forma especial de interpretar el mundo. El pendón concejil de Arbolio se conserva en su iglesia, con el marchamo milagroso de certificar los orígenes más remotos....
Pero la esencia de Pontedo está en la piedra y su inagotable oralidad. No miréis hacia fuera. En este caso, como en tantos otros, estamos en presencia de un espacio interior.