Al llegar a Felmín, después de cruzar las Hoces de Vegacervera, parte un camino hacia la derecha, para seguir el trazo horizontal este – oeste que marca una falla de calizas.
El camino es empinado y hasta hace poco remachado de piedra, lo que le granjeó el merecido título de El Purgatorio. Ahora se ha dulcificado con el asfalto, y por eso merece la pena adentrarse en este ámbito del Valle de la Abadía, que alcanzará Tabanedo, y luego Rodillazo, hasta perderse tras la cumbre de la denominada Collada del Marqués, hacia el terreno de Correcillas. Por el sur cierra la visión un intrincado bosque de hayas, rematado en lo alto por las cumbres calizas y en el fondo por una fresquísima corriente de agua mineral. El norte queda erizado de cardos carios, árgumas, espinos y demás vegetación endémica, propia de las solanas.
Se llega a Tabanedo, y el ánimo queda en suspenso ante la devastación ocurrida en su antigua cantería. Iglesia y casas muestran estampas desoladoras, que solo a duras penas están comenzando a ser recuperadas.
Puede venir Tabanedo del latín ´Tabanetum´ , ya mencionado en el lejano siglo XII, aunque algo más tarde el Becerro lo llama ´Tauanero´. Se referiría a la abundancia de este insecto; en todo caso, nada seguro, pues el sufijo etum es de raíz prerromana, y podría tratarse de un orónimo. Son seis kilómetros desde Cármenes y una altitud de 1.240 metros, para un poblado que perdió sus señas de identidad al llevarse el obispado las campanas de la iglesia, imágenes y ornamentos, libros y la memoria misma de su pasado, ante la inminencia del derrumbe de su iglesia.
Unos pocos vecinos, - entre los cuales Manuel Robles (Lolo) es el único del pueblo que desafía al invierno - , determinaron recuperar parte de sus raíces. Así concibieron y realizaron el encargo al imaginero de León, Vicente Gutiérrez, para la talla de una nueva imagen de su patrono, que es el niño San Justo, cuyo recuerdo se honra el día 6 de agosto. Una vez realizado el encargo, el pueblo reanudó en el año 1994 la antigua procesión, presidida por el santo, después de 33 años de no hacerlo. Los antiguos vecinos, que vinieron masivamente, lloraron de emoción.
La humildad de la piedra es aquí contrapunto del orgullo de estas gentes, para quienes los sueños se mantienen vivos.
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