Huellas humanas en la prehistoria

La presencia humana en el territorio de La Mancomunidad, desde la época prehistórica, está suficientemente documentada, por las huellas dejadas por los primitivos pobladores:

Explotaciones mineras prerromanas

“La Atalaya” y “Las Cangas”, en el término de Valdeteja, etc.

Restos de castros y emplazamientos defensivos (Pendientes de exploración y topografía)

Arintero.  ´Los Castros´. ´Castribudín´. (Próximos a ´La Forqueta´).
Lugueros. ´El Castrico´.
Tolibia de Abajo. ´La Atalaya´. ´Cerro Tras Castillo´.
Valdeteja. ´El Castrillo´. ´Solcastro´.
Valverde de Curueño.  ´El Castrico´.

Restos, armas y utensilios.

Es impresionante la nómina de elementos que certifican el paso del hombre por el territorio, desde la más lejana antigüedad: en la cueva ´Dos Hermanos´ de Arintero, recientemente descubierta, se han hallado restos humanos del Neolítico, así como un collar realizado con dientes de ciervo, y otros elementos. En la “Cueva del Arco”, de Valdeteja, aparecieron arcos y flechas.

Algunos de estos restos pueden verse en el Museo de León (antiguo edificio Pallarés) y en el Museo Paleontológico de la Cátedra de Geografía de la Universidad de León.
Pero la nómina de restos se enriquece con algunos elementos de impresionante valor antropológico: En el Museo Histórico de la Montaña Central (en fase de formación, en el pueblo de Lugueros) se encuentra recogida una gran losa, con inscripciones, que los científicos denominan “Ortostato con insculturas”, perteneciente a la época del Neolítico.

LA CUEVA “DOS HERMANOS” DE ARINTERO.

El descubrimiento, en otoño del 2006, de esta cueva, situada a gran altura, ha modificado las conclusiones de los paleontólogos sobre la presencia del hombre en la Montaña Cantábrica.
La topografía de esta cueva, y su consiguiente descripción, no ha sido aún finalizada, aunque contamos con las ´impresiones´ de los montañeros, que nos permiten un primer acercamiento. Su principal atractivo estuvo, desde su descubrimiento por Amador García y cuatro compañeros en el hallazgo de dos esqueletos humanos, a los que bautizaron con los nombres de “Wenceslao” y “Ataulfo”, otro de uno oso (“Cavernero”) y varios efectos y adornos de posible ajuar. Dentro de la cueva se localizaron además dos hogueras, en perfecto estado de conservación. Una junto al segundo esqueleto (“Ataulfo”), cubierta con una corteza de barro. Otra aún más al interior. ¿Sugeriría este hecho que la cueva fuese “habitada”, a más de sus posibilidades de enterramiento? Es prematuro adelantar conclusiones, pues el informe oficial de la Junta de Castilla y León no aborda estas posibilidades.

Como escueto resumen sobre esta cueva, podemos puntualizar, esquemáticamente:

A pesar del acceso a partir del cementerio de La Braña, la cavidad está en el terreno de Arintero,  (“La Peñona”, Monte de Utilidad Pública núm. 743) a cuya Junta Vecinal pertenece.
Fue descubierta y explorada por Amador García (Chiqui) y su grupo de amigos espeleólogos, (Benita Martín, Roberto Alonso, Camino González y Alberto Cifuentes), el 21 de octubre de 2006. Su sorpresa fue enorme, al hallar los esqueletos de dos humanos, más varios huesos de oso, de gran tamaño. Los montañeros no tuvieron muy clara la naturaleza o antigüedad de los restos. Lo pusieron en conocimiento de la prensa y enseguida intervino la Junta de Castilla y León, a través de su Arqueólogo Jefe.
Una vez realizados en U.S.A. los estudios al carbono 14, se determinó que los dos esqueletos tienen la misma edad, y que se cifra en unos 7 / 8.000 años. (Período del Mesolítico)

La intervención del arqueólogo de La Junta fue desconsiderada con el municipio y los descubridores de la cueva, a quienes no cita en su informe final. Su talante autoritario, opacidad y falta de diálogo resultó francamente irritante.
Una réplica de esqueleto y el collar óseo, con 24 dientes de ciervo perforados, han sido depositados en el Museo de León, sin concesión alguna al territorio de donde son originales, que no ha recibido información ni reparación de ningún tipo.

Cabe resaltar que los restos humanos de Arintero son los más antiguos hallados hasta el momento en la Cordillera Cantábrica, y los localizados a mayor altitud en toda la península.

(Ver ampliación de estas notas en el libro “Cuevas y simas del Alto Curueño. Paraíso secreto” Ángel Fierro, verano de 2.008)