Una señal de identidad

Según el criterio moderno, el hecho cultural debe considerarse en su acepción más amplia, donde se incluyan modos de vida, creatividad, arte y tecnología, sistema de valores, ceremonias, tradiciones y creencias, juegos y deportes autóctonos, derechos fundamentales de las personas y todo tipo de folklore.
En este sentido lato, daremos una visión de la cultura en este territorio, aunque solo de forma esquemática, anticipando que, como es natural, ha tenido fases de avance y retroceso, una amalgama de luces y de sombras.
Ya a finales del siglo XIX constató el sociólogo D. Elías López Morán que en la montaña central leonesa no existía el analfabetismo. Este hecho adquiere su importancia, si se piensa que en aquella época este triste fenómeno alcanzaba casi al 25 % de la población española, superando el 40 % en las zonas rurales.
Ello fue posible por una amplia red de escuelas, mantenidas entonces por los propios pueblos, y la labor de muchos párrocos y maestros autóctonos, como el célebre D. Pedro García de Robles, al que el pueblo de Tolibia de Abajo levantó el primer monumento mundial a la memoria de un maestro.

A mediados del siglo XX, y hasta la guerra civil, muchos pueblos, como Cármenes, Canseco o Lugueros contaban con bibliotecas, grupos de teatro, casinos, y suscripciones de prensa, coros parroquiales y tañedores de instrumentos, de forma que la cultura era aquí un bien de consumo común, no reservado a una élite privilegiada. Situación que haría palidecer a los sociólogos actuales.
La cultura fue, pues, señal de identidad de estos Municipios, y a pesar de circunstancias tan adversas como la eliminación de las escuelas rurales, lo continúa siendo. La Mancomunidad del Curueño y las Concejalías de Cultura de cada Ayuntamiento han asumido como prioritario mantener e incrementar este legado, como bien más preciado. Esta toma de conciencia no muy corriente en nuestro entorno pretende vertebrar nuevamente el antiguo espíritu comunitario, respetar la propia idiosincrasia de la zona y asentar las bases para un desarrollo futuro.
Activas Asociaciones Culturales y entusiastas personas de la zona colaboran ya denodadamente en este objetivo.

Crónica breve del desarrollo cultural en la Mancomunidad

No resulta posible aquí profundizar, como el caso merece, en todos los aspectos de la cultura en la comarca, y ni siquiera realizar un inventario aproximado.
Sería necesario, para ello, un amplio espacio que abarcase el universo de la creación literaria y artística, los eventos culturales (conciertos, recitales?) la publicación de revistas periódicas, la ingente cantidad de hombres de letras que han dejado su obra en libros y revistas, las festividades y romerías, símbolos y enseñas, el vestido de fiesta tradicional, los juegos y deportes autóctonos, el delicado andamiaje de sus Ordenanzas antiguas y tantas otras manifestaciones de clara raíz cultural.
Ante la imposibilidad de desarrollar todos estos temas, nos ocuparemos de algunos en los capítulos de ´Joyas´ y ´Tradiciones´. Tan solo intentaremos aquí trazar un cuadro esquemático de los fenómenos más relevantes, que hacen de estos municipios rurales un área de impensado vigor cultural.

La riqueza del folklore en los pueblos de la Mancomunidad.

La cultura de la oralidad tuvo aquí un desarrollo extraordinario, aglutinada alrededor del fenómeno de los Filanderos, típicamente leonés. En este foro múltiple de laboriosidad y esparcimiento florecieron romances y leyendas, cuentos y canciones, que aún hoy día asombran por su belleza y variedad.
De este tesoro de nuestra cultura tradicional autóctona se han ocupado felizmente varios autores de ámbito nacional, como Menéndez y Pidal, (lingüística y tradiciones), Miguel Manzano (cancionero), Diego Catalán y José Luis Leicea, (romances) o Julio Camarena (cuentos), entre otros.
Ángel Fierro ha recogido por su parte más de cuatrocientas piezas de la oralidad, entre cuentos, canciones, romances y leyendas, transcritos en una serie de trabajos ya publicados, (libros y grabaciones en CD y DVD), bajo el epígrafe de ´Arbolio´.

De este ingente material, cabe destacar el cancionero autóctono del territorio, extraordinariamente rico en pueblos como Canseco, Aviados, Nocedo, Lugueros o Cerulleda, donde ha sido posible recoger mayor número de materiales. Dicho cancionero asombró incluso a principios del siglo XX al gran maestro Menéndez Pidal, así como al musicólogo zamorano Miguel Manzano, una de las mayores autoridades en la materia, quien recogió aquí a partir del año 1984, piezas ya desconocidas en otras latitudes, agrupándolas en Bailes, Rondas, Canciones ceremoniales y de trabajos, Canciones de cuna, Retahílas, Romances y un completo Cancionero religioso, que cubre todo el Año Litúrgico.
En este capítulo merecen resaltarse las celebraciones del misterio de la Navidad, tan singulares como bellas o las ceremonias de las bodas:

Por su extraordinaria importancia, dentro del panorama cultural y etnográfico, ampliaremos este tema en un sub – menú, donde aportaremos algunos datos concretos de esta materia.

Manifestaciones de cultura aún vigentes

Vamos a adelantar ya que varias de las manifestaciones que ahora relacionamos serán, igualmente, objeto de un sub –menú propio, dentro de este Capítulo de Cultura: El mero detalle de sus contenidos básicos haría inviable el manejo de esta página web. Pero un más amplio tratamiento dará idea clara de la enorme pujanza cultural de una comarca en pleno declive poblacional, que no abdica de su antigua valoración de la cultura como un bien superior, sino que la considera como patrimonio propio, que se hace preciso mantener y cultivar.

Y a pesar de la precaria situación a que el abandono del mundo rural ha sometido a los pueblos, emerge contra pronóstico una querencia por sus raíces tradicionales en todas las manifestaciones de la cultura, como esbozamos a continuación:

  • Una impensable nómina de modernos creadores en todas las áreas de la literatura y la plástica.
  • La presencia de varias revistas literarias, en número y calidad creciente.
  • El fenómeno vivo de las Asociaciones culturales, que unen esfuerzos para mantener vivas las raíces de lo autóctono.
  • La celebración, sobre todo en verano, de excepcionales Jornadas culturales.
  • La multiplicidad y valor de los varios Trabajos de etnografía y recuperación de la memoria que particulares y organismos han puesto en marcha.

Ante este panorama de impensable vigor, importa saber cómo el legado de las anteriores generaciones está siendo recogido y valorado, y si existe una potencialidad para ser asumido en el futuro como una realidad cotidiana por parte de la población actual.

Creemos que la respuesta es afirmativa, a pesar de las enormes dificultades que la despoblación está ocasionando al desarrollo sostenible del mundo rural.