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Fotografía
de Cármenes: "Centinelas"

Fotografía
de Santa Colomba: "Suave es el verde"

Fotografía
de Valdelugueros: "Paso de agua. Paso de
tiempo"

Fotografía
de Valdepiélago: "Música que
no cesa"

Fotografía
de La Vecilla: "Historia en piedra"

Fotografía
de Vegaquemada: "Rotonda"
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El
territorio es una amalgama de piedra y luz, el verde original y el fluir
del agua. Desde las cumbres de la cordillera, los valles se despliegan en
abanicos vegetales, bosques obsequiosos y solemnes, gargantas de caliza
labradas por el agua, hoces, colladas y desplomes, hasta alcanzar el remanso
de la ribera, cuando el agua ya ensaya a caminar en quietud.
Una hermosura soberana
es la definición de estas fronteras, donde se unen al "Río
del olvido" (la novela referencial de Julio Llamazares,
en que sigue una ruta viajera a través del Curueño)
todo un arco de aguas:
Los manantiales
y los regatos, los afluentes y los colaterales, las correntías
de los ventisqueros y la quietud de las lagunas glaciares, cuya suma de
aguas forman el río caudal que las entronca con el mundo.
El río
se acrece con el rumor de otras riberas, entra en el Páramo y continúa
su ruta hasta entregarse al Esla, el padre río de los Astures.
Esta orografía
de tajos geológicos martirizados tiene correspondencia con su peripecia
humana. Configuró su historia y seguramente delineará su
futuro. Una breve incursión por su presente y algunos aspectos
de su pasado puede ser indispensable para iluminar su porvenir.
Concejos
forjados por la historia, unidos por el sueño.
La
historia del territorio aglutina tres distintas realidades:
Al
norte, en las cabeceras de los ríos, se sitúan los municipios
de Cármenes y Valdelugueros, que lindan con el Concejo asturiano
de Río Aller. Ambos municipios forman parte de la comarca de Los
Argüellos, o primitivo Concejo de ARBOLIO. Fué territorio
de realengo y todos sus habitantes tuvieron la condición de nobles,
por expreso privilegio de los reyes.
En
el centro de la Mancomunidad se sitúan Valdepiélago y La
Vecilla, cuyos pueblos pertenecieron a La Real Encartación del
Curueño, entidad que no tiene paralelo en toda la Comunidad Castellano
Leonesa. La Encartación fué durante algunos siglos territorio
del señorío episcopal de León, y a partir del XVI
pasó a ser de realengo.
En su parte sur se ubican los municipios de Santa Colomba de Curueño
y Vegaquemada, donde la piedra comienza a convivir con el adobe. Su historia
estuvo ligada al señorío de los Guzmanes.
Esta
aparente diversidad de los orígenes históricos queda contrarrestada
por un sueño común: La lucha épica de estos seis
municipios por salvarse del naufragio de las comunidades rurales. En ellos
puede hacerse un inventario exhaustivo de las pérdidas y desapariciones
del ancestral modelo de vida. Organización comunal, costumbres,
folklore, utensilios, trabajos y usos... y lo que resulta más paradójico
en esta época de progreso, la carencia de vías de comunicación
con Asturias y el desalojo de los jóvenes de sus lugares de origen,
por la falta de empleo y la eliminación de las escuelas rurales,
en una inverosímil decisión política.
Abandonos
del medio rural, que revelan insensibilidad y miopía de los poderes,
sin más alternativas que las debidas al empeño de los habitantes
de estos Concejos, quienes están dispuestos a defender sus señales
de indentidad:
Su
independiencia de pensamiento, el entorno maravilloso en que se ubica
el territorio, la potencialidad de su cultura autóctona, las artesanías
de sus productos incontaminados, la hospitalidad de sus gentes...
Son
aportaciones no desdeñables que estos municipios pueden ofrecer
aún hoy día a sus visitantes.
En
este portal se verá, como en secuencia de celuloide, el entramado
de iniciativas y de ideas que la Mancomunidad del Curueño pone
en pie, para afrontar con garantías este futuro que ya comenzó.
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