Redipuertas

Redipuertas

Cuando parece mismamente que el mundo habitable ha terminado, después de ver que la calzada de La Vegarada pierde rumbo y señal, tras los puentes de Cerulleda, damos con un recodo de la desvencijada carretera, y aparece otro milagro de la piedra: Es Redipuertas, nombre compuesto del celta ´redi´ ( río ) y el ya romance ´puerta´.

No ha de resultar extraño, esta puerta de ríos que resume en sus muros toda una geografía de aguas. Por su izquierda llega el río matriz del valle, que es el Curueño, recién nacido, en las Vegas del Coruñón, por la confluencia de dos regueros, y que alcanza los muros de las casas después de desplomarse por el desfiladero de Los Infiernos, cuya oscuridad y fragor le granjeó este nombre entre los vecinos sobrecogidos. Por la derecha, el río de Faro, con sus orillas que encadenan una deslumbrante sucesión de cascadas, uno de los parajes incontaminados y solitarios de este mundo, cuya salvaje hermosura desafía todos los nombres.

Son 1.300 m. otra vez: Altura que se repite en estas latitudes, en que parece asentarse la belleza o la desolación del abandono.

Rio de Faro

Rio de Faro

De Redipuertas hay que citarlo todo: su arquitectura tradicional, los puertos de la altura, con sus míticos nombres de la conquista de cántabros y astures (Bustarquero o Bustisordos), las imponentes cumbres del Huevo de Faro, el trazado de la Calzada de La Vegarada, que se adelgaza, pero no desaparece, hasta el ignorado paraje de Las Tiendas, donde se ha sepultado el más alto pontón romano de este Camino….

Y en la cumbre de Vegarada, el antiguo hospital y ermita de peregrinos, refugio de excursionistas y olvidado mesón, que está ahora en fase de restauración, para convertirlo en un moderno hotel de montaña. Allí se escribió la historia de los siglos oscuros, cuando el auxilio a los caminantes era epopeya de caridad. Como en la abadía de Arbas, un hospital de paso atendido por los clérigos de los pueblos altos, y sus caseros, auxiliaba peregrinos y arrieros, orientaba con el tañido de la campana a los viajeros perdidos en la niebla, abría trochas en las acumulaciones de nieve, con la pareja de bueyes que roturaba el paso, y mitigaba las penalidades de la ascensión, en el paso bravío que comunica Vegarada con el verdísimo paisaje asturiano de Rubayer.

Son noticias plenamente confirmadas por el libro de cuentas del hospital y su Cofradía, los apeos y servidumbres de paso, las misas y terrenos que proveían al mantenimiento de este servicio. Y todo ello, como por un milagro, está presente en un volumen que se conserva en la Casa Rectoral de Lugueros, debidamente encuadernado en piel de becerro, correspondiente al siglo XVII, presto a ser consultado por los que ya creen saberlo todo.

Desfiladero Los infierno

Desfiladero Los infiernos

De Redipuertas nos quedamos el agua. Llega hasta el pueblo por el desfiladero de Los Infiernos, en el Curueño, o la cascada espumeante del Saltón, dando sonido al río de Faro, que se desploma de las cumbres.

Nos quedamos con la pequeña historia de su Corral de Concejo, cuyas paredes derruidas forman, camino de la iglesia, un óvalo de casa circular, clara ascendencia celta. Allí se discutían las prendas semanales, se afianzaban ganados sorprendidos fuera de los pastos declarados´derrotos´, se subastaba el Prado de la Cera, se organizaban las veceras de vacas, en dos especies: La de los ricos, denominada ´La Vecerona´, que era lucida por su número y la humilde ´Vecerina´, de los menos pudientes, que sin embargo no incurrían nunca en mendicidad ni servilismo. De esta última conservamos sus viejos Estatutos, un reglamento de ecuanimidad y de respeto hacia el entorno, imposible de ver al día de hoy.

De Redipuertas nos quedamos con sus inabarcables puertos de la raya, donde arranca la Vereda de la Mesta, denominada de La Vegarada, camino de la Cañada Leonesa Occidental. Son los puertos de Faro y Bustarquero, la Solana y la Carva, las majás de Sidrón, de Fontanillas y Majavieja,… un mundo pastoril que señorea las cumbres deshabitadas, donde la vegetación se repliega y el monte se desnuda hasta la más absoluta simplicidad.