Presentación

La particular ubicación geográfica del municipio de Valdepiélago hace que participe de dos diferentes realidades:

En los fondos del valle del Curueño, une sus pueblos al cordón umbilical del río, que desde el puente de Los Verdugos (o del Ahorcado) cambia las aguas de jurisdicción de manera insensible. En el norte y el oeste, las moles calizas de Cueto Ancino, Peña Valdorria y Peña Galicia, elevan el techo del territorio hacia una belleza bravía e incontaminada. Valdepiélago tiene, en general, querencia de montaña, aunque sus núcleos más al sur, y el mismo pueblo cabecera del municipio se asoman a la suavidad de la ribera. Cuando la piedra se sustituye por el adobe, ahí comienza la ribera, pero este fenómeno aún es tímido, poco corriente en esta latitud.

Agua, caliza y verde

Hablar de Valdepiélago es referirse a naturaleza e historia a partes iguales.

Geografía tan abrumadora que no podríamos imaginarnos la horizontal, en la mitad norte del municipio. Allí Valdorria y Correcillas son como nidos de águila levantados entre picachos inverosímiles, y Montuerto y Nocedo se recuestan a la orilla de valles de elevadísima arquitectura. Solo después de pasada Peña Morquera, donde se extiende La Mata de la Bérbula, y la espina caliza de la Peña Galicia que abriga el derruido castillo de Aviados, bajamos a la vega y se instala en el ánimo la suavidad.

Terreno, pues, de múltiples registros, en un espacio reducido de tan solo 58,6 km.2, que representa un escaso 12 % de la Mancomunidad.

Su mitad norte asombra a los viajeros, como dejó escrito José Luis Leicea:

“Una de las zonas donde el paisaje adquiere caracteres impresionantes y casi dramáticos es la región que se abre, al pie de La Vecilla ... En un camino abrupto, imposible de sospechar, la carretera se introduce, encañonada entre las dos paredes de la montaña, en un desfiladero sorprendente, quebrado en rápidos zig-zags... El agua de este río, limpia como cristal, en su marcha de acentuado desnivel, se rompe contra las peñas y salta en el aire hecha espuma... cuyo fragor asciende del hondo tajo y se incrementa en las paredes de la montaña, como en una caja de resonancia. La hosca bravura de esta naturaleza adquiere así un carácter dramático en la dimensión del sonido. En algunos lugares la corriente se remansa en los pozos y adquiere tonalidades de un azul cobalto”

Finalizamos la descripción geográfica, cediendo la palabra al sociólogo Elías López Morán, gran conocedor de la comarca, quien escribió en el año 1900:

“A cada vallecillo de montaña convergen, en forma de abanico, varias depresiones del terreno y por cada una de ellas deslízase un arroyuelo, en cuyas márgenes están situadas las aldeas... Reunidas todas las aguas de cada vallecillo, entran por la hoz o garganta, y llegan, al salir de ésta, a la ribera respectiva, dejando el modesto nombre de arroyo para trocarlo por el de río “.

De esta orografía encrespada dan fe las alturas de los montes que puntean el norte del municipio: Así el Pico Polvoreda, sobre Correcillas (1.999 m.), la Peña Valdorria (1.927 m.), La Braña (1.873 m. ) o el Cueto Ancino, al que ya nos hemos referido al hablar de Lugueros, y que aquí es conocido como Pico el Huevo. El inventario de estas elevaciones adquiere los fastuosos nombres que les da la toponimia de la zona: La Peña el Santo, o de San Froilán, junto a Valdorria, la Peña Morquera, Bucioso, el Cueto Salón, Sancenas o el Dornón? Invitaciones a la ascensión, la espeleología, la fotografía o la mirada....

Ancestrales caminos de piedra y agua vertebran el territorio. De las aguas hemos hecho mención, al considerar como cordón umbilical del camino del norte el río Curueño, al que ha de añadirse un milagro merecedor de la atención más demorada: si alguien acompaña al río Valdorria desde su nacimiento hasta su entrega en el Curueño, será testigo de impresionantes escorzos naturales en tan brevísimo espacio de terreno. Después de discurrir este riachuelo de agua mineral por un paisaje bordeado de abedules, fresnos y salgueras, que lo acompañan hasta Valdorria, olvida allí su cauce verde y se encamina hacia el paraje de Vacesal, donde las rocas lo golpean con desplomes vertiginosos. Salta el río buscando puerta de salida y finalmente va a dar a un agujero abierto, por donde se despeña, en un halo de juegos de espuma y luz: es la Cascada de Valdorria, a la que le impusieron el epíteto de Cola de Caballo. En sus paredes verticales centellea la luz, se rompe el agua en hilos microscópicos y es tal su disolución que el humo truena, o bordonea un bajo cifrado como a la espera de la melodía principal.

Recientemente se acondicionaron los accesos para visitar esta cascada desde la carretera, poniendo su secreto al alcance de todos.

La Real Encartación del Curueño | Una Jurisdicción civil única en León

Ahora nos toca hablar de otro milagro propio de estas fronteras. Es para referirnos al hecho venturoso de que en el Ayuntamiento de Valdepiélago se conserva el Arca de las Tres Llaves, o archivo concejil, ordenada hacer por los Reyes Católicos, en el lejano siglo XV.

Los reyes dispusieron que los Concejos guardaran sus fueros, privilegios y documentos más relevantes en un lugar de acceso restringido. Para abrirlo era preciso el concurso de tres cargos concejiles, en garantía de seguridad. Así se hizo, siendo corriente que en las zonas rurales se construyera un arca de madera, con las tres llaves exigidas, donde se ubicaron todos los documentos importantes sobre la historia y el desarrollo de los pueblos.

La mayoría de estos archivos se han perdido. Se sabe, por ejemplo, que el arca de tres llaves del gran Concejo de Arbolio, o Los Argüellos desde la etapa constitucional, se conservaba en el Ayuntamiento de Cármenes, hasta la guerra civil. No sobrevivió a la barbarie, como no lo hicieron la mayoría de las arcas de tres llaves, depositarias de la memoria histórica.

Sin embargo, en Valdepiélago, - capital y cabeza que fue de La Real Encartación del Curueño, por inexplicables y venturosas circunstancias -, ¡el arca primigenia se conservó¡ , como un guiño a los siglos, y puede verse en el vestíbulo del nuevo edificio del Ayuntamiento. Pero aún hay más : Dentro del arca se encontraban almacenados varios e importantes documentos de la Encartación, entre los cuales los Padrones de distinción de Estados, el primitivo Libro de Penas de Cámara, los Inventarios y Ordenanzas por las que se regía este territorio desde época inmemorial. Territorio, por lo demás, configurado como única excepción en la comunidad castellano-leonesa, bajo el régimen jurídico de Encartación, o zona poseedora de cartas reales, que dieron a sus pobladores un estatuto jurídico excepcional durante muchos siglos, con organización administrativa y civil independientes de todo señorío.

Las concesiones reales a La Encartación ( cuyo territorio histórico comprendió los actuales municipios de Valdepiélago y La Vecilla ) constituyeron un auténtico timbre de gloria para sus habitantes, lo que la heráldica se encarga de certificar mediante infinidad de escudos en piedra de sus hidalgos de ´armas pintar´.

Ecos que fueron rescatados recientemente, mediante la revisión y publicación de los documentos contenidos en el arca, en la crónica “La Real Encartación de Curueño “, de la que es autor Ángel Fierro del Valle. El libro revisa otras realidades, como los restos de la Calzada Romana de La Vegarada, vertebradora del territorio en paralelo al río Curueño, o la Calzada transversal que enlazaba Valdorria con Correcillas, y, a través de allí, con las cuencas del Torío y Bernesga, hasta su salida a Asturias por Pajares y La Carisia. Aspectos tan controvertidos como el nombre medieval del derruido Castillo de Montuerto son analizados también, como propuesta de estudio a los investigadores.

Esbozos de un patrimonio prodigioso

Si geografía e historia son, por tanto, los dos pies de andar por este territorio, no pueden olvidarse otras realidades que la religiosidad, la cultura, o el folklore han ido sedimentando en sus riberas.

La religiosidad ha dejado aquí imperecederas huellas, como los restos de tres monasterios de Vacesal, fundados por San Froilán en el siglo X, o la restaurada ermita del Santo, en lo alto de Valdorria, a cuyo acceso sirven 365 escalinatas talladas en la pura roca. Es un monumento de rusticidad, anclado por igual en la fe, la historia y la leyenda, que atrae actualmente una popular romería conocida como La Rogativa de San Froilán, el día primero de mayo de cada año.

O un incalculable número de obras de arte, orgullo de cualquier patrimonio histórico-artístico, cuya somera relación ha quedado expuesta en la crónica citada. De entre ellas, nos referiremos aquí a dos: Un cáliz de plata, propiedad de la parroquia de Valdorria, donación de la Infanta Doña Juana, hermana del rey Felipe II , en el año 1573, con el que todavía oficia la Misa el párroco del lugar. Una talla gótica de la Virgen y el Niño, conservada en la iglesia de Otero de Curueño, que se data en el siglo XIII. La belleza y serenidad de esta imagen policromada es, independientemente de su incalculable valor artístico, un motivo maternal de sobrecogedora ternura. Su permanencia en Otero, después de siete siglos de convulsiones y vicisitudes, otro de los milagros de estas tierras. El gran experto en arte religioso, el sacerdote Máximo Gómez Rascón, así lo entendió al incluirla en su relación de imágenes más valiosas, en su libro “ Theotokos. Vírgenes Medievales de la diócesis de León “.

Cultura inmaterial

Por lo que respecta a la cultura autóctona, en todas sus manifestaciones, el terreno resulta casi virgen, a pesar de cualificados intentos de recoger lo más valioso. Citamos el trabajo realizado por el musicólogo D. Miguel Manzano, en rondas, bailes y canciones, o el recopilador de cuentos Diego Catalán. De los romances se ocuparon José Luis Leicea y Ángel Fierro? Un inventario sistemático de la oralidad de la zona está pendiente de realizar, y es posible que ya resulte una empresa imposible, por razones puramente vegetativas de su población.

Del rescate de tradiciones y cultura inmaterial resaltamos el trabajo de la revista y Asociación Cultural “CAMPARREDONDA”, radicada en Otero de Curueño, aunque con un aliento integrador de lo universal.

Como hitos sorprendentes de su folklore autóctono vamos a citar tan solo a dos :

· Los Villancicos de Aviados, que constituyen un Auto de fe de carácter navideño, con sus textos de ingenuo dramatismo y su cancionero original.

· El antiquísimo baile de ´Las Carrampliñas´ de Valdorria, jota ancestral emparentada con las Vaqueiradas de las brañas de altura, de origen probablemente prerromano, y sus célebres Titos.

Caminos, gallos, ocio

Los pueblos bajos del municipio participan, con los de La Vecilla, en la particularísima cría de gallos de pluma, pardos e indios. Allí los cita Julio Llamazares, atronando el espacio de la madrugada, en el relente de los corrales. Son, a la vez, fauna y hermosura, negocio e irisación que pierde los aromas a medida que salimos de su círculo mágico.

En los deportes, se practican la lucha leonesa, la pesca, la caza, los bolos y ¡hasta el toreo!.

En el senderismo existen rutas para toda edad.

Todo un universo para descubrir, tan familiar que el municipio solo registra 423 habitantes censados. Tan diminuto que parece tallado a la medida de una excursión, pero cuyas bellezas naturales y tesoros artísticos del pasado dan espacio para toda una vida.

 


Subir arriba