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Hacia
el norte
Poemario
de Julio Llamazares
(Poema núm. 5 de "Memoria de la nieve") |
No ha de resultar
extraño que el municipio de Valdepiélago sea "verdad cifrada"
en la ruta del norte. Su vocación geográfica lo une al cordón
umbilical del río Curueño, que desde el puente de Los Verdugos
(o del Ahorcado) cambia las aguas de jurisdicción de manera insensible,
y las moles calizas del Cueto Ancino dan allí unión a los vientos
del norte con los del páramo.
El territorio de Valdepiélago tiene querencia de montaña, aunque sus núcleos más al sur, y el mismo pueblo cabecera del municipio se asoman a la suavidad de la ribera. Cuando la piedra se sustituye por el adobe, ahí comienza la ribera, pero este fenómeno aún es tímido, poco corriente en esta latitud.
Hablar de Valdepiélago es sujetarse entre los límites que dibujan la Mancomunidad de la que forma parte: Naturaleza e historia a partes iguales.
Geografía tan abrumadora que no podríamos imaginarnos la horizontal, en la mitad norte del municipio. Allí Valdorria y Correcillas son como nidos de águila levantados entre picachos inverosímiles, y Montuerto y Nocedo se recuestan a la orilla de valles de elevadísima arquitectura. Solo después de pasada Peña Morquera, donde se extiende La Mata de la Bérbula, y la espina caliza de la Peña Galicia que abriga el derruido castillo de Aviados, bajamos a la vega y se instala en el ánimo la suavidad.
Terreno, pues,
de múltiples registros, en un espacio reducido de tan solo 58,6 km2,
que representa un modesto 12% de la Mancomunidad.
Su mitad norte asombra a los viajeros, como dejó escrito José
Luis Leicea:
"Una de las zonas donde el paisaje adquiere caracteres impresionantes y casi dramáticos es la región que se abre, al pie de La Vecilla ... En un camino abrupto, imposible de sospechar, la carretera se introduce, encañonada entre las dos paredes de la montaña, en un desfiladero sorprendente, quebrado en rápidos zig-zags... El agua de este río, limpia como cristal, en su marcha de acentuado desnivel, se rompe contra las peñas y salta en el aire hecha espuma... cuyo fragor asciende del hondo tajo y se incrementa en las paredes de la montaña, como en una caja de resonancia. La hosca bravura de esta naturaleza adquiere así un carácter dramático en la dimensión del sonido. En algunos lugares la corriente se remansa en los pozos y adquiere tonalidades de un azul cobalto" |
Finalizamos la descripción geográfica, cediendo la palabra al sociólogo D.Elías López Morán, gran conocedor de la comarca, quien escribió en el año 1.900:
| "A cada vallecillo de montaña convergen, en forma de abanico, varias depresiones del terreno y por cada una de ellas deslízase un arroyuelo, en cuyas márgenes están situadas las aldeas... Reunidas todas las aguas de cada vallecillo, entran por la hoz o garganta, y llegan, al salir de ésta, a la ribera respectiva, dejando el modesto nombre de arroyo para trocarlo por el de río". |
De esta orografía encrespada dan fe las alturas de los montes que puntean el norte del municipio: Así el Pico Polvoreda, sobre Correcillas (1.999 m.), la Peña Valdorria (1.927 m.), La Braña (1.873 m.) o el Cueto Ancino, al que ya nos hemos referido al hablar de Lugueros, y que aquí es conocido como Pico el Huevo. El inventario de estas elevaciones sería interminable, con sus coordenadas de ubicación y los fastuosos nombres que les da la toponimia de la zona: De ellos, La Peña el Santo, o de San Froilán, junto a Valdorria, Peña Galicia, Peña Morquera, Bucioso, el Cueto Salón, Sancenas o el Dornón. Invitaciones a la ascensión, la espeleología, la fotografía o la mirada....
Ancestrales caminos
de piedra y agua han vertebrado desde antiguo el territorio. De las aguas hemos
hecho mención, al considerar como cordón umbilical del camino
del norte el río Curueño, al que ha de añadirse un milagro
merecedor de la atención más demorada: Si alguien se diera el
placer de acompañar al río Valdorria desde su nacimiento hasta
su entrega en el Curueño, sería testigo de impresionantes escorzos
que la naturaleza distribuye en tan brevísimo espacio de terreno. Después
de discurrir este riachuelo de agua mineral por un paisaje bordeado de alisos,
fresnos y salgueras, que lo acompañan hasta Valdorria, olvida allí
su cauce verde y se encamina hacia el paraje de Vacesal, donde las rocas lo
golpean con sus desplomes vertiginosos. Salta el río hecho espuma, buscando
puerta de salida y finalmente va a dar a un agujero abierto, por donde se despeña,
en un halo de juegos de espuma y luz: Es la Cascada de Valdorria, a la que le
impusieron el pedestre adjetivo de Cola de Caballo. En realidad esta Cascada
es cordaje de arpa, a la que arpegia el viento. En las paredes verticales centellea
la luz, se rompe el agua en hilos microscópicos y es tal su disolución
que el humo truena, o bordonea un bajo cifrado como a la espera de la melodía
principal.
Recientemente se acondicionaron los accesos para visitar esta cascada desde
la carretera, poniendo su secreto al alcance de todos.
| La permanente invitación a los juegos de agua alcanza en el municipio las cotas más bajas. Vean, si no, en esta fotografía, el universo encantado que otra cascada menos bravía labra en el bosque de Vega la Villa, en las cercanías de La Mata de la Bérbula. O los reflejos irisados que toma el río bajo el precioso puente medieval de Valdepiélago. |
Ahora nos toca hablar de otro milagro propio de estas fronteras, que los estudiosos de la historia tienen extrañamente abandonado. Es para referirnos al hecho venturoso de que en el Ayuntamiento de Valdepiélago se conserva el Arca de las Tres Llaves, o archivo concejil, ordenada hacer por los Reyes Católicos, en el lejano siglo XV.
Los reyes dispusieron
que los Concejos guardaran sus fueros, privilegios y documentos más relevantes
en un lugar de acceso restringido. Para abrirlo era preciso el concurso de tres
cargos concejiles, en garantía de seguridad. Así se hizo, siendo
corriente que en las zonas rurales se construyera un arca de madera, con las
tres llaves exigidas, donde se ubicaron todos los documentos importantes sobre
la historia y el desarrollo de los pueblos.
La mayoría de estos archivos se han perdido. Se sabe, por ejemplo, que
el arca de tres llaves del gran Concejo de Arbolio, o Los Argüellos desde
la etapa constitucional, se conservaba en el Ayuntamiento de Cármenes,
hasta la guerra civil. No sobrevivió a la barbarie, como no lo hicieron
la mayoría de las arcas de tres llaves, depositarias de la memoria histórica.
Sin embargo, en Valdepiélago, - capital y cabeza que fue de La Real Encartación
de Curueño -, por inexplicables y venturosas circunstancias !el arca
primigenia se conservó!, como un guiño a los siglos, y puede verse
en el vestíbulo del nuevo edificio del Ayuntamiento. Pero aún
hay más: Dentro del arca se encontraban almacenados varios e importantes
documentos de la Encartación, entre los cuales los Padrones de distinción
de Estados, el primitivo Libro de Penas de Cámara, los Inventarios y
Ordenanzas por las que se regía este territorio desde época inmemorial.
Territorio, por lo demás, configurado como única excepción
en la comunidad castellano-leonesa, bajo el régimen jurídico de
Encartación, ó zona poseedora de cartas reales, que dieron
a sus pobladores un estatuto jurídico excepcional durante muchos siglos.
Desembocamos aquí en el terreno histórico, pues a él se
refieren los privilegios concedidos por los reyes, su organización administrativa
y civil, su orgullo de ser libres de todo señorío. Algo tan apreciado
por los antiguos pueblos, que reclamaron y defendieron estas prerrogativas (realengo
y nobleza generalizada) en todo tiempo y lugar, como puede aún observarse
en las respuestas al famoso Catastro de Ensenada.
Las concesiones
reales a La Encartación (cuyo territorio histórico comprendió
los actuales municipios de Valdepiélago y La Vecilla) constituyeron un
auténtico timbre de gloria para sus habitantes, lo que la heráldica
se encarga de certificar mediante infinidad de escudos en piedra de sus hidalgos
de "armas pintar".
Ecos que fueron rescatados recientemente, mediante la revisión y publicación
de los documentos contenidos en el arca, en la crónica "La Real
Encartación de Curueño ", de la que es autor Ángel
Fierro del Valle.
![]() "Rumbo al norte" |
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En este libro se revisan aspectos como el significado de la Calzada Romana de La Vegarada, vertebradora del territorio en paralelo al río Curueño, o la Calzada transversal que enlazaba Valdorria con Correcillas, y, a través de allí, con las cuencas del Torío y Bernesga, hasta su salida a Asturias por Pajares y La Carisia. Unica razón por la que Correcillas, en la vertiente del Torío, pertenezca a Valdepiélago, aún al día de hoy.
Aspectos tan controvertidos como el nombre medieval del derruido Castillo de Montuerto son analizados también, como propuesta de estudio a los investigadores.
Si geografía
e historia son, por tanto, los dos pies de andar por este territorio, no pueden
olvidarse otras realidades que la religiosidad, la cultura, o el folklore han
ido sedimentando en sus riberas.
La religiosidad ha dejado aquí imperecederas huellas, como los restos
de tres monasterios de Vacesal, fundados por San Froilán en el siglo
X, o la restaurada ermita del Santo, en lo alto de Valdorria, a cuyo acceso
sirven 365 escalinatas talladas en la pura roca. Es un monumento de rusticidad,
anclado por igual en la fe, la historia y la leyenda, que atrae actualmente
una popular romería conocida como La Rogativa de San Froilán,
el día primero de mayo de cada año.
O un incalculable número de obras de arte, orgullo de cualquier patrimonio histórico-artístico, cuya somera relación ha quedado expuesta en la crónica citada. De entre ellas, nos referiremos aquí a dos :
Un cáliz de plata, propiedad de la parroquia de Valdorria, donación de la Infanta Doña Juana, hermana del rey Felipe II , en el año 1.573, con el que todavía oficia la Misa el párroco del lugar.
| Una talla gótica de la Virgen y el Niño, conservada en la iglesia de Otero de Curueño, que se data en el siglo XIII. La belleza y serenidad de esta imagen policromada es, independientemente de su incalculable valor artístico, un motivo maternal de sobrecogedora ternura. Su permanencia en Otero, después de siete siglos de convulsiones y vicisitudes, otro de los milagros de estas tierras. El gran experto en arte religioso, el sacerdote Máximo Gómez Rascón, así lo entendió al incluirla en su relación de imágenes más valiosas, en su libro "Theotokos. Vírgenes Medievales de la diócesis de León". |
Por lo que respecta al folklore el terreno resulta casi virgen, a pesar de muy cualificados intentos de recoger lo más valioso, como el trabajo realizado por el musicólogo D. Miguel Manzano, en rondas, bailes y canciones, o el recopilador de cuentos Diego Catalán. De los romances se ocuparon José Luis Leicea y Ángel Fierro, aunque un inventario sistemático de la oralidad de la zona está pendiente de realizar, y es posible que ya resulte una empresa imposible, por razones puramente vegetativas de su población.
Como hitos sorprendentes de su folklore autóctono vamos a citar tan solo a dos :
Los pueblos bajos
del municipio participan, con los de La Vecilla, en la particularísima
cría de gallos de pluma, pardos e indios. Allí los cita Julio
Llamazares, atronando el espacio de la madrugada, como un rocío despertador
en el relente de los corrales. Son, a la vez, fauna y hermosura, negocio e irisación
que pierde los aromas a medida que salimos de su círculo mágico.
En los deportes, se practican la lucha leonesa, la pesca, la caza y los bolos.
En el senderismo existen rutas para toda edad.
Todo un universo para descubrir, tan familiar que el municipio solo registra 420 habitantes censados en el año 2000.
Tan diminuto que parece tallado a la medida de una excursión, pero cuyas bellezas naturales y tesoros artísticos del pasado dan espacio para toda una vida.
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Todas las fotografías del municipio de Valdepiélago llevan pie de texto del poemario de Julio Llamazares, de sus libros: "La
lentitud de los bueyes" |
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© 2001
Contenido: Mancomunidad del Curueño
Edita: Merkasi, S.L.