Aviados

Nada avala la pretensión de algunos de atribuir el nombre de este pueblo, junto con sus vecinos Campohermoso y La Vecilla, al dicho “Aviados vamos por estos campos hermosos donde canta la avecilla ”. La toponimia es una ciencia tan desconocida como rigurosa, pero la ignorancia no debe enmascarar apropiaciones tan simplistas como la presente.

Mientras los lingüistas, historiadores y otros expertos nos encuentran mejor explicación, diremos que el poblado de Aviados creció, como muchos burgos medievales, alrededor de su Castillo. Un bastión defensivo, cuyas paredes carcomidas, son, al decir de Julio Llamazares, como muñones apocalípticos.

Se mantienen ahí, dominando el poblado, desde lejanos tiempos. Dicen las crónicas que el castillo fue elevado al rango de casa solariega por el rey visigodo Gundemaro. Si ello es así, nos encontramos en el siglo VII, cien años antes de la irrupción de los árabes en España. Más tarde, el edificio perteneció a la familia de los Guzmanes, hasta que el Emperador Carlos V lo hizo demoler, junto con otras propiedades del señorío, en castigo por el apoyo que esta familia prestó a la causa de los Comuneros, contra el poder real.

Un castillo medieval mantenía siempre en sus cercanías un pequeño poblado, o burgo. ´Barrio´, según voz árabe, que sin embargo aquí no prosperó, como en otros lugares, prevaleciendo el nombre de Aviados. Su emplazamiento divisa toda la ribera; mandaba señales de humo al vecino castillo de Peña Morquera (Valdepiélago), los de Montuerto o de San Salvador del Curueño, ubicado en las inmediaciones de Santa Colomba. En todo caso, el castillo de Aviados defendía las entradas del norte, amuralladas allí mismo por las estribaciones de la Peña Galicia. Es, por lo tanto, privilegiado como punto estratégico. Este concepto puede estar, en principio, en el origen del nombre del pueblo.

No perteneció a la Real Encartación del Curueño, pues era feudo de señorío de Los Guzmanes, como se ha dicho, en continuo litigio con La Encartación y el Obispado por cuestiones territoriales.

Aviados no solamente tiene historia, sino también presente. En cuando acaban las huertas que acompañan las casas, se abre de pronto una pared caliza de corte vertical. Allí instalaron los montañeros una Escuela de Escalada, (LA CHORRINA), que es un acierto pleno, si exceptuamos los apelativos poco afortunados con los que bautizaron a las rutas. El paisaje y el deporte no toman en cuenta, por fortuna, tan discutibles circunstancias.

El pueblo se sitúa a 1 km. en dirección norte de la carretera C – 626 , antes de Campohermoso, y está, por tanto, en el extremo más occidental del municipio.

Celebra fiesta por San Miguel, el 29 de septiembre.

De su folklore autóctono es preciso referirse a los famosos ´Villancicos de Aviados´, una de las manifestaciones mejor conservadas y más hermosas del ciclo religioso de la Navidad. Se trata de una representación teatral del misterio del Nacimiento, al estilo de los antiguos Autos de los Reyes Magos, tan comunes en las parroquias, durante los siglos XVIII y XIX.

Es sintomático del apoyo popular a esta celebración el hecho de que siguió celebrándose hasta la segunda mitad del siglo XX. El musicólogo Miguel Manzano tuvo aún ocasión de transcribir varias de sus partes cantadas, como ´El canto de los ecos´ , ´Venid, venid, pastores´ o ´Buena pastora es ésta´. Consta de 51 páginas, es de autor anónimo, y sus “Dramatis Personae“ abarcan personajes divinos, gentes del pueblo y una representación de la corte de Jerusalén. Está dividido en ocho actos escénicos, que se intercalan con las canciones para solistas, coros de pastores y zagalas, ángeles, y reyes magos.

Últimamente, un grupo de personas del pueblo rescató del olvido el libreto y sus partituras; contactó con las ancianas que recordaban la celebración y se pusieron en marcha nuevas representaciones de este Auto de los Reyes Magos, en una actuación digna de encomio. Hemos de denunciar el bochornoso olvido de las Instituciones hacia esta joya de la cultura autóctona, entretanto destinan sumas millonarias a promocionar discutibles creaciones foráneas, o falsos ´festivales celtas´.

En ocasiones como estas, la web se reviste de santa indignación.

 

 


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