Como terreno de tan notoria diversidad, admite Valdepiélago una serie de rutas para el paseo perfectamente diferenciadas: en su mitad norte, la orografía juega a favor del montañero experto, el escalador, para hacer frente a las dificultades del camino.
Su parte sur, dulcificada por las extensas vegas que se inclinan hacia el Curueño, permite otros paseos más sosegados, aptos para cualquier persona y ocasión.
En propiedad, vamos a señalar como ruta número cero, la recogida y soleada Escuela de Escalada de Aviados, situada en la parte alta del mismo pueblo. (LA CHORRINA)
Pertenece al Ayuntamiento de Valdepiélago, y se accede a ella por la carretera C-626 ( La Robla a Boñar ), tres kilómetros antes de La Vecilla. La zona de escalada tiene paredes de hasta 50 m. de altitud, que se yerguen delante mismo de las casas del pueblo, y consta de 20 vías, distribuidas en tres sectores, próximos entre sí. Más que un paseo, - no hay que advertirlo - , es un reclamo a los que gustan de la ascensión a paredes rocosas.
Como en el caso de Pedrosa y Valverdín, cerca de Cármenes, los escaladores federados han bautizado estas vías con nombres de muy dudoso gusto, que nos negamos a repetir.
Ello no obsta para afirmar que la zona de escalada es de rara belleza, y que su exposición al sol la hace utilizable en casi todo el año. Así lo dejamos recomendado, pues lo cortés no quita lo valiente.
Para el municipio de Valdelugueros anotamos como primera ruta el tramo norte de La Calzada Romana, a partir del puente de Los Verdugos (O del Ahorcado). Las diferentes denominaciones de este bello puente romano, cuya moderna restauración ha sido muy poco escrupulosa, y por lo tanto, desafortunada, se deben a una leyenda convergente, con diferentes protagonistas.
Proponemos ahora una ruta complementaria, de pequeña dificultad técnica, pero de enorme interés histórico y paisajístico. Posible en todo tiempo, su momento cumbre es el otoño, cuando la vega de Montuerto es una sinfonía de colores hendida por el río, un renacido paraíso terrenal.
El recorrido partiría de Valdepiélago, lugar en que la Calzada adquiere visibilidad y firme continuado, adentrándose en Las Hoces.
Los puntos de paso serían Montuerto < Ascensión al castillo de Montuerto < Nocedo < Pontón de Valdeoville > Puente de los Verdugos < Regreso a Valdepiélago.
Son un total de 6,5 hilómetros, de los cuales casi tres pertenecen a la Calzada, dotados de su firme original. El itinerario sobre este camino empedrado, que disputa su espacio al río Curueño, asciende estribaciones como la del Castillo de Montuerto, viene a ser un prodigioso viaje a la memoria, después de veinte siglos.
El recorrido por La Calzada no puede concluir en el mismo puente de los Verdugos, debido a la estrechez y las llambrias de caliza que entorpecen el paso. Habrá que tomar, pues, la carretera, un poco antes, y esperar una deseable intervención en este singular camino, a fin de poderlo utilizar sin interrupciones hasta la misma raya del puerto en Vegarada. Nadie puede negar que su habilitación supondría una ruta turística de primera magnitud.
Entretanto, este breve paseo nos depara el aroma de sus bellezas.
Interesante y no difícil esta propuesta, aunque con tramos fatigosos, pues se haría en su mayor parte por asfalto, con solo 4.5 k. de sendero.
El objetivo sería conocer los valles de Valdorria y Valdecésar (al que ahora se da el nombre de Vacesal), donde tuvo lugar el retiro monástico de San Froilán, en la etapa eremítica del siglo IX. San Froilán vivió primero en una cueva, en la llamada ´Peña el Santo´, junto a Valdorria, donde se alza su ermita. Posteriormente fundó hasta tres monasterios en el abeseo del valle, en el terreno de Valdecésar. Más tarde bajó a tierras zamoranas, y al final de su vida llegó a obispo de León, de cuya diócesis es patrón, falleciendo en el año 905.
Pertrechados con estos escuetos datos históricos, podemos salir de Valdepiélago, para completar el siguiente recorrido : Valdepiélago < La Mata de la Bérbula, < Valle de Valdecésar < Valdorria < Nocedo < Montuerto < Valdepiélago.
A través de un total de 16,0 kilómetros se suceden los puntos de interés :
Poco después de la salida se asciende al pueblo de La Mata, desde donde se contempla el valle de La Vecilla, como perfecto mirador sobre la vega. En los terrenos de Valdecésar, es fácil rastrear el emplazamiento inverosímil de los tres monasterios de San Froilán. Ya en Valdorria, el viaje merece una demora. No solo por la belleza soberana de este pueblo de piedra, rigurosamente aislado en su nido de altura, sino por la posibilidad de subir los 365 peldaños de escalera, que nos eleva a la ermita del Santo. Muchos lo hacen el día 1 de mayo, con ocasión de las Rogativas que organiza el Concejo, con sus autoridades y pendones.
El caminante puede hacerlo en cualquier tiempo, sabiendo que de ahí en adelante solo le resta una bajada vertiginosa y una carretera de dulces orillas, antes de rendir viaje de vuelta a Valdepiélago.
En el camino de regreso queda la Cascada de Nocedo. Hermoso colofón para esta ruta en que la historia dejó su impronta.
Este paseo está señalizado mediante cuatro paneles explicativos, que guían al caminante y le ofrecen pautas de interpretación paisajística e histórica.
Saliendo de Valdepiélago, en dirección a La Mata de la Bérbula, se gira a la izquierda por los viejos caminos que comunican esta zona con Correcillas.
El paso incluye : Valdepiélago < La Mata < Campohermoso < Correcillas < Valdorria < Nocedo < Montuerto < Valdepiélago.
Correcillas es, al decir de algunos, el pueblo más hermoso de la provincia de León, y también uno de los peor comunicados, pues su única vía asfaltada llega desde el Torío, a partir de Villalfeide, por una estrecha carretera de montaña, y muere allí.
En el pasado ni siquiera llegaba, por lo que sus accesos eran tan solo con La Encartación de Curueño, en la que se integró : A través de senderos desde Campohermoso, y mediante una Calzada romana transversal, que los estudiosos leoneses se empecinan en desconocer : Comunicaba Nocedo con Valdorria, Correcillas, Rodillazo, Felmín, Valporquero, Formigoso y Villamanín. Muchos kilómetros de torturado paisaje, de bellísimo entorno, de camino ancestral aprovechado por los romanos en su explotación minera, los peregrinos medievales que iban a Oviedo, el ganado de la trashumancia, los arrieros con sus recuas, los leñadores, los pastores, todas las gentes de estas montañas.... Y los historiadores ¡no la conocen!. Desde los alfombrados despachos de sus cátedras dibujan las Calzadas más evidentes, las que otros estudiosos ya describieron, ¡pero no salen de viaje a recorrer las olvidadas!.
Ésta es la ruta para decir alto al olvido. Algunos, como Julio Llamazares, hacen cada verano la parte de la Calzada que sale de Valdorria, y llega a Correcillas, y desde allí extiende su viaje hasta Tabanedo, sobrepasando la Collada de Santiago, en la tutela del Pico Polvoreda. El recorrido a pleno sol resulta fatigoso, pero es emocionante encontrar los vestigios de esta ruta de epopeya, casi perdida a veces entre las trochas de los montes, colonizada de urces moradas, arrumbada por las correntías y las heladas de veinte siglos.
Hacerla completa, tal como aquí queda diseñada, supondría un total de 21,5 kilómetros, solo posibles en los días buenos del verano. Al menos, hagamos esa parte, injustamente postergada, que recorrían los pendones de Correcillas hasta la ermita de San Froilán en Valdorria, para empaparnos de una belleza que no admite comparación.
Serían tan amplias, como los días del verano. O del otoño, si seguimos la ruta de los gallos de pluma, que alborotan con sus despertares la parte llana del Concejo, en Otero y Ranedo de Curueño.
O la salida al punto este, si subimos por el perdido valle del pueblo de Montuerto, en busca de la cumbre donde avistar los terrenos del Porma, en las cercanías de Oville. En todo caso, más hermosura que descubrir.