LA MATA DE LA RIBA Municipio de Vegaquemada

La Mata de la Riba se sitúa en los márgenes de la carretera C-626, poco antes de llegar al término de Valdepiélago.

En la antigüedad, o primeros momentos del segundo milenio, se llamó "Sant Iuste"y también "Mata de la Sobarriba". (En el primer caso por estar su iglesia del siglo XII dedicada a los Santos Justo y Pastor, y en el segundo por ubicarse sobre la ribera).

Es original de su iglesia románica solo la cabecera, ya que la portada se rehizo en el siglo XVI.

Si uno cruza este pueblo sin las prisas que a menudo nos asedian, puede admirar una hermosa Casa Solariega, de tipo corralado, levantada durante el siglo XVIII: Es la Casa Palacio de los Álvarez-Acevedo, familia que poseyó también una edificación señorial en Otero de Curueño. Merece la pena detenerse aquí y observar con atención el mensaje de dos labras heráldicas, fijo en la piedra:

Una de ellas es de los apellidos Ordás y Álvarez-Acevedo, cuya inscripción en latín viene a decir: "Soy del estado noble. Es notorio que a Jerónimo siempre le precedieron sus virtudes. Año de 1.652".
La segunda labra tiene los motivos de los apellidos García de La Vecilla, Robles y Ordás, y su leyenda en latín es traducible como: "Un árbol bueno da buenos frutos. Matheo, año de 1.652".

(Ver el libro "La Mancomunidad del Curueño. Historia, Hidalguía y Armería en Piedra".
María del Carmen Orejas.)

 
Palacio de los Álvarez-Acevedo, en La Mata de la Riba
"Casa blasonada"
Autor fotografía: Manuel Martín
"Sólos, en el umbral del paraíso
tienen los ojos el corazón del alma"

(Poemario de José Antonio Llamas)

Como es patente, ambos escudos son contemporáneos, y un siglo anteriores a la fecha estimada de la construcción del palacio. Es de notar, en todo caso, la carga ética de ambas leyendas, con sus mensajes hoy día tan poco habituales como casi abocados al desprecio.

La Mata de la Riba mantiene activa una industria autóctona del talco, y celebra sus fiestas a los patronos Justo y Pastor, el día 6 de agosto. Si uno llega aquí el 3 de febrero, que es San Blas, se encontrará con que también es día mayor en la parroquia:
Se diría que el tradicional regreso de la cigüeña es la premonición de un cambio en el paisaje, un ansiado volteo de la estación, la necesaria renovación espiritual.

 

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