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Este pequeño pueblo de San Adrián, al que el socorrido Catastro de Ensenada le asigna ocho vecinos, a mitad del s. XVIII, tiene por fundamento un pasado histórico rico en importantes acontecimientos. Su andadura arranca de un antiguo castro prerromano, elevado junto a una fuente termal. Sus aguas, bicarbonatadas y cálcicas, marcarían desde el inicio las vicisitudes del poblado, pues en el año 920 el Conde Braóliz de Boñar fundó aquí la Iglesia Monasterio de San Adrián de Caldas. El Rey Alfonso IV de León celebró en él un Concilio, según recuerdan los documentos leoneses de la época, y de tan lejanos años aún se conservan restos de la capilla románica, con trazas mozárabes, lápidas y escudos. El nombre de monasterio y pueblo honra al mártir cristiano San Adriano, cuyos restos óseos están ahora en la iglesia de las Carvajalas, de León. |
![]() "Helada de amanecer" Autor fotografía: Manuel Martín "Valle aún desconocido por el viento. Poco a poco, el frío de la guadaña sobre el rocío" (Poemario de José Antonio Llamas) |
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San Adrián está tan cerca de La Losilla (en el extremo este del municipio) que durante mucho tiempo ambos núcleos fueron considerados una sola entidad de población. Cuando la primitiva Iglesia-Monasterio dio paso a una nueva iglesia, también de arte románico, se la llamaba de La Losilla. En los escasos estudios o documentos que hacen referencia a San Adrián siempre se lo menciona junto con La Losilla, como si se tratase de dos barrios de un mismo pueblo. La cercanía y una historia común propician este hermanamiento. En San Adrián debe verse, de modo inexcusable, su maravillosa talla del ´Cristo en Majestad´: Es una impactante escultura en piedra del siglo XV, y está policromada. Aprovechando la alta calidad terapéutica de sus aguas se levantó un gran Balneario rural, que durante años fue muy visitado. La decadencia pasajera de este tipo de establecimientos originó su cierre, cosa lamentable, si se tiene en cuenta el nuevo auge que los tratamientos termales registran en el país. Una explotación moderna podría ser baza turística de primer orden. Parece ser que los actuales propietarios se decantan, mas bien, por una planta embotelladora de agua mineral. En todo caso, cualquier aprovechamiento resultará más beneficioso que el actual estado de puertas cerradas. Estos pequeños núcleos, como San Adrián, ubicados en valles donde el tiempo ha dejado escritas páginas de esplendor que se resisten al olvido, merecen retomar los pasos de la historia y poner en pie un nuevo futuro. |
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