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Dijimos ya que Vegaquemada tomó para sí el nombre del todo, es decir, la denominación que asumió toda la Hoya de Boñar, después de que fuera devastada por el fuego, para convertir bosques y matojos en huertas, vegas, praderío. En el punto en que el páramo ha dejado atrás a la media montaña, Vegaquemada se extiende a la orilla del río Porma, bajo la tutela simbólica de la Peña Tobal. Es una elevación granítica de modesta altitud, pero interesante por la abundancia de piedras de toba, cuarzo y piritas donde se encuentran hojas fosilizadas. El pueblo aparece en los documentos leoneses en una donación que la señora de Carvajal hace al monasterio de Otero de las Dueñas. Era el año de 1.266. Esta fecha no significa, sin embargo, el momento fundacional de Vegaquemada, pues en el siglo X el Conde Braóliz de Boñar había edificado aquí, al lado mismo del actual pueblo, una Abadía dedicada a San Esteban, a la que dotó de molino y fragua. Su recuerdo se había perdido, hasta que vuelve a documentarse en el siglo XVI. Finalmente, en el año 1.899, en el curso de obras de pavimentación, se descubrió la necrópolis medieval de San Esteban, de la que se recuperaron seis sarcófagos que fueron a parar al Museo Provincial de León. (Las lápidas de Alfonso y Adosinda, cuyos nombres corresponden a la realeza leonesa, plantean la posibilidad de que la necrópolis fuera, incluso, un panteón de la alta nobleza de aquella época). De su
historia no haremos aquí más mención, por estar
perfectamente documentada en el libro "Vegaquemada. Mil años
en la historia de un pueblo pequeño", de D. Laurentino-César
López, cuya lectura recomendamos. En plena edad moderna documenta Ensenada dos molinos y un pisón o batán. Un poco más tarde, el catastro de Madoz cita, además, potro de herrar y varios telares de lienzos caseros. Todo ello indica la tendencia, común en toda esta Mancomunidad, de aproximarse a la autosuficiencia, mediante una explotación integral de agricultura, ganadería y pequeña industria de subsistencia. Tiene aquí gran solera y tradición la Lucha Leonesa, hasta el punto que en el año 1.954 se editó en el pueblo un ´Reglamento´ que contiene particularidades que salvaguardan los antiguos modos de lucha: La división radical entre Montaña y Ribera, la no validez de las medias caídas, etc... La Federación Leonesa de Lucha no incluyó estos puntos de vista en su Reglamento definitivo, y muchos vecinos de Vegaquemada lamentan la pérdida de sus particularismos ancestrales, a causa de la quizás inevitable uniformización. En sus fiestas patronales del 15 de agosto, en honor de Nuestra Señora, tiene lugar aquí un hermosísimo Corro, pero ateniéndose al reglamento provincial. |
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En Vegaquemada hay tantas cosas para ver que se precisan varios intentos. Si comenzamos por su iglesia, diremos que el moderno edificio fue levantado en la posguerra (año 1.952), por el arquitecto Juan Torbado, sobre cánones románicos, aunque de estilo indefinido. En esta nueva y monumental iglesia se aprovecharon muchos elementos de la antigua, de ocho siglos atrás, como capiteles, arcos, molduras, imaginería, pila bautismal y otros detalles del románico primitivo. Fué una obra no comparable a lo que es una iglesia del románico rural leonés, de cabecera plana, pero aún así ´respetuosa´, cuya piedra se extrajo de la misma cantera de la iglesia antigua. Obra, en todo caso, abierta a todo tipo de consideraciones. Del templo primitivo, quedó en el recuerdo su torre cuadrada, gemela de las existentes en Santa Colomba y Barrillos de Las Arrimadas. Pertenecieron a la red de vigilancia y defensa de la Orden del Temple, señores de estas tierras hasta su disolución en el año 1.312. Un Crucero de ignorada antigüedad, de 3,30 metros de altura, ya descrito en un inventario de 1.740, y procedente del antiguo cementerio, se trasladó a las inmediaciones de la iglesia. Aún puede verse aquí su réplica, pues un accidente arruinó el original. Es muy interesante el antiguo Edificio de La Merindad, cuya humilde estampa nos da fe de la precariedad de los poderes. El Archivo de las Tres Llaves, cuyo reducido tamaño resulta llamativo, y los bombos para el sorteo de los ´Quintos´ se conservan en el Ayuntamiento, como reliquias profanas de una época que ya se fue. Complementando todas estas visiones entroncadas con el pasado, es necesario, al hablar de Vegaquemada, referirse a las nuevas dotaciones e infraestructuras de que se ha dotado el pueblo, en un loable intento de instalarse en la modernidad: Muchas
de ellas se deben al patrocinio de D. Pablo Díez, un hijo del
pueblo, que hizo fortuna en América, donde murió en Ciudad
de México, en el año 1.972. Durante varios años
alentó y financió obras como el Santuario de la Virgen
del Camino, y preferentemente las de su propio pueblo, en el que volcó
su afán filantrópico: En 1.977 se inauguró un Polideportivo, con piscina y zona de acampada. En 1.993 inició su labor social la Residencia Geriátrica Nuestra Señora de la Asunción, a la que ya hemos hecho mención, y que pertenece a la Fundación de los herederos de D. Pablo Díez. Campamentos privados, Coto de Pesca, un floreciente comercio y el ansia por una constante superación, son las constantes de este pueblo, que entra en el siglo XXI con el punto de mira puesto en el progreso. Son argumentos para valorar, para vivir y para luchar. |
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